Nadie muere en Wellington – Carmen Sereno

En ocasiones, tengo un libro bajo mi radar, volando alrededor mío, pero con la sensación de que aún no es su momento. Y digo «aún» porque sé que tarde o temprano lo voy a leer. Y Nadie muere en Wellington caía en esta categoría. Había escuchado maravillas sobre él, sabía que era un libro de mi estilo y lo iba a disfrutar de principio a fin, pero cierta situación personal me frenaba a adentrarme en sus páginas y no quería que esta me influyese en la lectura de forma negativa. Y sin darme cuenta llegó el día en el que esta situación ya no pesaba en mí y me sentí libre para, ahora sí, acompañar a Emma en el viaje de su vida.

Y es curioso que a la hora de escribir la reseña me haya pasado algo parecido. Me sentaba frente al teclado y las palabras no fluían, unas palabras que no estaban a la altura de poder expresar lo que me había hecho sentir el libro. Pero creo que también ha llegado su momento. Y que me perdone Carmen Sereno (Barcelona, 1982) si no lo consigo.

Emma no lo ha pasado bien en su vida. Huérfana desde pequeña, queda a cargo de su tía en uno de los barrios más grises de Londres. Sufre una tragedia más, decide hacer borrón y cuenta nueva y se embarca hacia un nuevo país en la otra punta del mundo, Nueva Zelanda. Y todo por ver una foto de una playa paradisíaca en una revista de viajes. Sin más dilación, coge las maletas y cambia el rumbo de esa vida gris para volver a llenarla de color.

En Wellington, tendrá que buscar trabajo y alojamiento, y es entonces cuando entra en escena David, el dueño gruñón de la cafetería Hunter’s, cuya especialidad son los bagels. Entre ellos se cocerá a fuego lento una amistad con algunos altibajos debido al pasado de ambos personajes.

Es increíble cómo al leer Nadie muere en Wellington llegaba a mis fosas nasales el apetecible aroma de los bagels, el rumor de las olas de la playa de Owhiro Bay e incluso sentir el sol en mi rostro. Hasta ese punto llega la ambientación de la novela, el poder ser capaz de cerrar los ojos y cubrirme de todas esas sensaciones. Y pocos son los libros que consiguen lograrlo.

Y como era de esperar, me he enamorado de los personajes. Emma es conformista, insegura, casi incluso triste como la ciudad londinense donde ha vivido estos años. Pero todo se transforma al llegar a Wellington, sufriendo una metamorfosis y es entonces cuando veremos a la verdadera Emma: alegre, optimista, que llena de dulzura y magia aquello que toca. Todo lo contrario que David, que se nos muestra huraño, introvertido y en ocasiones con un puntito borde. Sin embargo, esta actitud es consecuencia de un horrible pasado que le impide ser feliz en el presente. La evolución de ambos diría que es el punto fuerte del relato, una historia de segundas oportunidades y de atreverse a ese cambio que muchas veces nos da miedo.

No me quiero olvidar del elenco de personajes secundarios, en especial Kauri y su familia, representando la cultura maorí y enseñándonos una pequeña parte de sus costumbres, desconocida para muchos y con poca visibilidad en la literatura.

Esta lectura se ha convertido en una de mis favoritas del año pasado. ¿Me arrepiento de no haberla leído antes? No, el paso del tiempo era necesario para poder disfrutarla como se merece. ¿Estoy ansiosa por leer Bajo el cielo de Berlín? Nadie lo duda.

La única manera de lograr lo imposible es creyendo que sí es posible.

Mariki García

Título: Nadie muere en Wellington
Autora: Carmen Sereno
Editorial: Chic Editorial
Páginas: 384
Género: novela romántica
Fecha de publicación: marzo 2020

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