Día del Libro: un viaje por nuestros recuerdos

Día del libro

Los que sentimos pasión por los libros encontramos que el 23 de abril es un día especial, El Día Internacional del Libro, esa fecha directamente relacionada con grandes nombres de la literatura y cuya finalidad es fomentar la lectura.

Seguro que estos días habréis visto y leído montones de artículos con recomendaciones para comprar en esta señalada fecha y por eso nosotras hemos querido hacer algo diferente que esperamos os guste. Hoy parte de las integrantes de Marta entre libros and friends os van a contar cómo nació su pasión por la lectura y nos hablarán de algunos títulos que les marcaron de una forma permanente.

¡Feliz día del libro!


Mariki García

Quienes me conozcan un poco, la historia que voy a contar a continuación ya les resultará familiar. Para los que no la sabéis, aquí la tenéis.

Faltaba apenas un mes para llegar a mis siete primaveras cuando entré por primera vez en la biblioteca de la ciudad donde vivía por entonces. Por suerte, la tenía justo en mi misma calle, a tres casas de distancia. Entré muy ilusionada al verme rodeada de tantos libros. Sinceramente, no sabía cuál escoger. Finalmente, después de un buen rato mirándolos, el elegido se fue conmigo a casa. Tristemente no recuerdo ni el título ni el autor, tan solo tengo una vaga imagen en mi mente. Lo que sí que recuerdo es que lo terminé pronto y esa misma tarde (puede que una hora o dos después de mi primera incursión en la biblioteca) volví de nuevo para devolverlo y conseguir uno diferente. La bibliotecaria, muy amable, me explicó que eso no era posible, que tenía que esperar hasta el día siguiente para hacer el cambio. Regresé de nuevo a casa y volví a leerlo. Al día siguiente, dispuesta a no pecar de conservadora de nuevo, cogí un recopilatorio de cuentos, el más gordo que pude encontrar.
Como veis, aún no tenía siete años y ya estaba ansiosa por devorar historias. Esta fecha la recuerdo con exactitud ya que todavía guardo con cariño el carné de la biblioteca que me hicieron, con mi nombre todo tembloroso como firma en su reverso.

Me causa un poco de pesar no saber con exactitud qué título fue mi primera lectura y decir: «X fue el libro que me introdujo en el mundo de las letras». Sin embargo, sí que me acuerdo de otros que pasaron por mis manos durante mi infancia y contribuyeron a mi afición por los libros.

Durante una convalecencia debido a una pequeña operación quirúrgica, me vi en la cama del hospital rodeada de historias que me habían regalado para hacer mi tiempo allí un poco más llevadero. Entre ellos se encontraban varios de la colección “El duende verde“, de la editorial Anaya. Mi tío Teo, El mago de Esmirna o El árbol de los pájaros sin vuelo fueron algunos de ellos. El guardián de las palabras me atrapó en las garras de la fantasía (y aún sigo ahí); me adentré en el mundo de las pociones con Michael Ende y El ponche de los deseos, un libro «genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso» (sí, no se me ha olvidado la palabra) y descubrí el valor de la amistad con Apareció en mi ventana, y su adorable «mukusuluba».

Pero si tengo que elegir aquellas lecturas que contribuyeron en mayor medida a mi amor por la palabra escrita diría que fueron dos sagas que guardo en lo más profundo de mi ser: Ana la de Tejas Verdes y Harry Potter. Todo lo que pueda contar de estas dos maravillas se queda corto. No sabría explicar qué fue lo que provocaron en mí, solo puedo decir que me enamoraron, me encandilaron, me apasionaron. Y esa sensación es una de las cosas más bonitas que se pueden sentir.


Marta Pérez

Siempre que me preguntan que cuándo comencé a leer, respondo lo mismo: no recuerdo un solo momento de mi vida en el que no tuviera un libro al lado. Cierto que he pasado temporadas de leer más o menos, pero siempre ha habido un libro conmigo.

Cuando era pequeña leía todos lo que caía en mis manos. Recuerdo los recopilatorios de los cuentos de Andersen y esas maravillosas ilustraciones de María Pascual, «Los Hollister», «Los cinco»…  Pero hay uno al que le tenía especial cariño, a pesar de estar pintarrajeado, con la portada cayéndose a cachos –es lo que tiene ser la hermana pequeña y heredar las cosas– Mujercitas de Louise May Alcott, no sé cuántas veces lo leí; cuántas emociones me hizo sentir; cuánto ansié convertirme en Jo, ese magnífico personaje…

Un poco más tarde descubrí la biblioteca a modo de bibliobús. El magnífico vehículo paraba cada viernes por la tarde a la puerta de mi colegio y para mí ese día de la semana se convirtió en el más especial de los siete. Guardaba impaciente la cola que me permitiría subir y tener al alcance de mi mano tantos y tantos libros. Entonces ni había internet, ni tenía la misma información que ahora. Así que elegía mis próximas lecturas porque el título fuera especial, porque la portada fuera bonita, porque algo me llamara la atención… Daba igual, la niña que bajaba de ese autobús fantástico salía feliz con su cargamento.

Pero si tengo que hablar de un título que recuerdo con especial cariño y conservo con mucho amor, es La historia interminable de Michael Ende. Fue mi primera toma de contacto con la fantasía como género –sí, los cuentos no cuentan–, además es un volumen tan bonito, escrito a dos colores, que todavía recuerdo cómo se erizaba el vello de mi piel la primera vez que lo leí. Y cómo no, si antes quise convertirme en Jo, entonces quise ser Bastian y poder meterme, al igual que él, en un libro y poder vivir en primera persona mil y un aventuras.

Y bueno, esa última parte la he conseguido, a día de hoy, he vivido montones de aventuras, he viajado a numerosos países, reales o ficticios, he llorado, reído y pasado miedo. Eso sí, sin moverme del sofá y todo gracias a los libros.


Mayte Expósito

Hoy, 23 de abril, celebramos Sant Jordi, el día en que el protagonista son los libros y yo, voy a regresar a mi niñez, esa bonita etapa tan lejana en el tiempo y, a la vez, tan próxima en mis recuerdos. Con la única intención de rescatar las primeras lecturas que consiguieron despertar en mí el amor por este maravilloso mundo de la literatura.
Elegir un libro para regalar no es tarea fácil, pero si lo haces desde el corazón lo más probable es que aciertes. Exactamente eso me sucedió a mí una tarde de 1985, cuando una vecina me regaló uno. ¿A mí? Sí, yo que no leía nada y si tenía que hacerlo, era por obligación y no lo disfrutaba.

Recuerdo que en casa los únicos que ocupaban las estanterías eran unos que servían como adorno en el comedor, una enciclopedia y los de la escuela. Sin embargo, una semana más tarde decidí cogerlo de la estantería y enseguida quedé prendada con Esther y su mundo. Era una colección formada por una serie de historietas, creada en 1971 por el guionista británico Philip Douglas y la dibujante catalana, Purita Campos. La protagonista es un personaje divertido, independiente, descarado y con una estética llamativa, siempre a la última moda. Narrados con una frescura cautivadora e inusual. Sus ilustraciones son preciosas y todo está enfocado con un toque de ironía y humor. Creo que además del éxito de Esther, aportó un aire fresco a todas las niñas que nacimos en la década de los setenta.

Poco más tarde, ese mismo verano me atreví con Mujercitas de la escritora estadounidense Louisa May Alcott publicada en el año 1868, todo un clásico. Quién no recuerda a las famosas hermanas March, cada una con una personalidad diferente. Jo, la más indomable y que sueña con convertirse en una famosa escritora; Meg, la romántica; Amy, la egoísta y la pequeña Beth, dulce, tímida y apasionada por la música.
Al estallar la Guerra Civil Americana, su padre se marcha voluntariamente y esa carencia influye en sus vidas.  Todas deberán realizar un aprendizaje, a veces doloroso, a veces fascinante, de la vida y del amor.
Fue un éxito y adaptada cinematográficamente en 1949 por la Metro Goldwyn Mayer, con un reparto estelar de actrices. En 1994 tendría su segunda ocasión para ser llevada a las pantallas. Una sólida, entretenida y dulce novela que he releído desde la primera vez y que os recomiendo.

Como habréis comprobado, la vida da muchas vueltas y aquella niña, ahora es de las tantísimas personas que ha elegido como compañero de viaje, cultura, sueños, reflexión y crecimiento a los libros. Una herramienta maravillosa para abrir nuestra mente a otras perspectivas y realidades.
Espero no haberos aburrido regresando a aquellos instantes felices que los libros me brindaron. Esos momentos no son simples recuerdos, sino que son algo íntimo, algo que permanece y tiene un significado importante. Fueron una semilla que alguien sembró en mi infancia y nunca dejaron de crecer.


Mercedes Núñez

De diferentes maneras siempre me ha gustado celebrar el Día del Libro, he participado en lecturas ininterrumpidas del Quijote en la Biblioteca, en encuentros de poesía intergeneracionales con autoras de Zamora, organizando talleres de marcapáginas, visitando alguna librería, etc, pero este año, mi amiga Marta, me invitó a compartir en su rincón de libros mi experiencia como lectora a lo largo de mi vida. Una buena manera de conmemorar este día. Así que voy a ello.
Esta podría ser mi Historia de vida con los libros.

— ¡No hay derecho! —exclamó Jorge fieramente—. ¿Por qué no puedo ir yo si van los demás? Llevo quince días en casa, sin haber visto a los otros desde que terminaron las clases. Y ahora se han ido a pasar dos semanas maravillosas y yo he tenido que quedarme.

Quizás este sea uno de los primeros recuerdos que tengo disfrutando de la lectura, con las aventuras de «Los Cinco» de Enid Blyton. Mi hermana mayor y yo compartíamos habitación, y así era nuestra rutina por las noches, cada una leía una página del libro hasta que nos quedábamos dormidas.

Oso mimoso no es un oso muy amable, oso mimoso es un oso muy bueno, oso mimoso hace todo lo que se le dice, pero nunca tiene tiempo libre para tocar su violín…                                                           Altea Benjamín

Cómo disfrutaba con los cuentos que le leía a mi hermana pequeña. Todavía recuerdo alguno de memoria, (como este de Oso Mimoso) repetido tantas y tantas veces y que años más tarde le he narrado a mi hija.

Tormenta de verano

Oye, aguántate esos complejos, ¿quieres? Es tonto que pienses en mí como en el gran señor. Como en un tipo de película, con yates y una esposa lánguida y rubia. Si piensas esa tontería, no juego. La vida es más complicada que el cine. Yo soy un hombre como otro cualquiera. O, al menos, trato de serlo.
Al llegar al instituto teníamos lecturas obligatorias, algunas se me hicieron muy duras como La Celestina, ¡lo que me costó acabarla! Pero también algún profesor me ayudó a descubrir otros autores que para mí eran desconocidos, así tengo un gran recuerdo de Tormenta de verano de Juan García Hortelano. Es, sin duda, una de las primeras historias que me atraparon y donde descubrí lo adictivas que podrían llegar a ser algunas novelas.

Ana le sonreía con dulzura franca y noble y con una humildad pudorosa que aludía, con el rubor ligero que le mostraba, los secretos confesados la tarde anterior. La Regenta, Leopoldo Alas “Clarín”

Al ir creciendo fui descubriendo algunos clásicos que había en mi casa y que llegaban periódicamente a través del Círculo de Lectores, como La Regenta, esa historia tan potente de Ana Ozores que se debate entre el deber, la pasión y la religiosidad.

el corazón helado

Cuando Ignacio Fernández Muñoz vio por primera vez a Anita Salgado Pérez, pensó al mismo tiempo que era muy guapa y que era española.
Qué ilusión la primera vez que fui a la Feria del libro en Madrid donde podías conocer a muchos escritores, allí me hice una foto con Almudena Grandes y me dedicó estas palabras en un libro, El corazón helado, que guardo con cariño: “Para Merce, con la esperanza de que le caliente el corazón, un beso”.

Estos son sólo algunos de los títulos que me han venido a la cabeza o al corazón, lecturas con las que he disfrutado muchísimo. Pero hay tantos libros de los que me gustaría seguir hablando…

2 comentarios sobre “Día del Libro: un viaje por nuestros recuerdos

  1. Fabulosos testimonios de lecturas inmensas que dejaron recuerdos alegría y lágrimas. He sido profesor de Literatura. Nunca sufrí tanto como ver a los niños leer y ver morir a los protagonistas. Mi hijo lloró mucho con La sombra del ciprés es alargada ” de Miguel Delibes. Tuve que parar el coche para que se pasara el mal trago de la muerte. A mi hija le pasó lo mismo con El club de los poetas muertos y de Ratones y de hombres” No cesaba de preguntarme por qué papá?
    La lectura tiene todo. Hay que elegir porque tristemente no lo puedes leer todo.
    Mis libros favoritos: PATRIA
    EL CAMINO de M.Delibes
    Platero y yo
    El guardián entre el centeno
    Luna de lobos
    Los pilares de la tierra
    Habitación 622
    Los ingratos.
    No cito más, siempre eres injusto cuando citas.
    Lo importante es disfrutar de la lectura.
    Un pueblo que lee es un pueblo libre. Un pueblo que no lee es un pueblo de esclavos.
    VIVA LA LECTURA

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    1. Hola Serafín, muchas gracias por leernos y pasarte por aquí.
      Hay momentos en los que he necesitado cerrar el libro que estaba leyendo, para tomar aire y poder continuar con la lectura.
      Citas enormes libros, aunque como bien dices, siempre que nos ponemos a citar, se quedan muchos fuera.
      Sigamos leyendo y compartiendo nuestra pasión.
      Un saludo.

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