Con El Puma, el escritor conquense Alberto Val (1984) retoma el universo que inauguró en La Perra y rescata a los personajes que habían dejado huella, en especial a la inspectora Guiomar Aguilera. Aunque no he leído el anterior trabajo, al inicio de este tenemos un artículo que resume la labor de la agente en el caso anterior, y podemos deducir que ha aprendido de sus errores.
En esta ocasión, Aguilera se enfrenta a un nuevo e inquietante caso, el asesinato de Rafael Barrientos, hallado muerto en la piscina de su vivienda hace ya año y medio, un expediente que estaba estancado bajo la Guardia Civil. El comisario le adjudica este crimen sin resolver, órdenes de arriba debido a la fama cosechada por la resolución del misterio anterior. La investigación la lleva a un escenario perturbador, un centro de conservación de animales donde los instintos salen a relucir. Conforme avanza el caso, Aguilera y su equipo descubren que es mucho más siniestro de lo que parecía, destapando perversiones, violencia latente, límites humanos que se difuminan y un antagonista al que no conviene provocar. “Nunca enfades al Puma”.
Val reutiliza el escenario insular, Tenerife, como lugar de aislamiento y tensión, una isla, un espacio relativamente cerrado, un ambiente turístico que se torna inquietante. Tenemos el contraste del entorno canario turístico, con el Teide, el Loro Park y las playas; y el claustrofóbico donde parece que no hay salida, sombrío y peligroso.
Guiomar Aguilera se presenta como una mujer trabajadora incesante, con sus propias fisuras, lo que la humaniza. No es solo la inspectora eficaz, sino la persona que arrastra experiencia previa, problemas personales y que se enfrenta al caso con vulnerabilidad. El antagonista, “El Puma”, destaca no solo por su violencia o modus operandi, sino por la afección que padece, misofonía, una sensibilidad extrema al sonido que puede desencadenar agresiones, lo que lo hace imprevisible. Esta singularidad aporta originalidad en un género que muchas veces tira de patrones semejantes. El reparto secundario está a la altura. El equipo de Aguilera se complementa a la perfección, y aceptan la ayuda de la Guardia Civil, a pesar de la rivalidad que hay entre los dos cuerpos del orden.
La novela adopta una estructura que mezcla la investigación policial clásica, con recogida de pistas, entrevistas, reconstrucción del crimen, con momentos intensos de tensión y violencia más explícita, con un puntito gore. El ritmo es frenético, con capítulos breves que van saltando de personaje en personaje, llevándonos por todos los caminos de la búsqueda de los culpables, todo ello identificado al inicio con fecha y hora, cosa que se agradece ya que varias escenas ocurren de forma simultánea.
Alberto aprovecha este relato para poner sobre la mesa el simbolismo de las máscaras, tanto literal como figurada, un elemento que sirve para ocultar el verdadero yo cuando nadie nos reconoce, mostrando lo brutal que puede ser el humano.
Como he mencionado al inicio, esta es la segunda parte de la serie protagonizada por Aguilera. Es cierto que no he podido comprobar de primera mano su evolución, pero se intuye con facilidad. Y con ese final podemos deducir que no hemos visto todo sobre esta inspectora y se solucionará el dilema en el último libro de la trilogía.
El Puma me ha parecido un ejemplo muy sólido de thriller contemporáneo español, bien ambientado, ágil, con personajes que generan simpatía y con suficiente intriga para mantenernos enganchados. Ofrece un escenario atractivo, la isla de Tenerife, un caso criminal perturbador, una inspectora que lucha con sus fantasmas, y un villano que irrumpe sin previo aviso. Veremos con qué nuevo animal o sentido nos sorprende Alberto en su próxima entrega.
Título: El Puma
Saga: Guiomar Aguilera 2
Autor: Alberto Val
Editorial: Destino
Páginas: 400
Género: thriller
Fecha de publicación: septiembre 2025
