La novela del verano – Emily Henry

Emily Henry (Estados Unidos, 1991), una de las voces más destacadas de la narrativa romántica contemporánea, nos entrega en La novela del verano una historia que, aunque por su título pueda parecer una lectura ligera de la época estival, sorprende por el trasfondo emocional para explorar el duelo, la creatividad y el amor. Esta obra tiene un valor especial dentro de su carrera, pues fue su primera incursión en la narrativa para adultos tras haber escrito varias novelas juveniles. El salto no pudo ser más acertado: desde entonces, cada uno de sus siguientes trabajos ha sido reconocido por los lectores, hasta el punto de ganar año tras año el premio Goodreads a mejor novela romántica, con cuatro galardones en su haber.

La historia comienza con January Andrews, una joven escritora de novelas románticas que atraviesa el peor momento de su vida. Su padre ha muerto recientemente, ha descubierto secretos dolorosos sobre él y además su carrera literaria parece naufragar junto con su confianza en el amor. Con el corazón roto y sin inspiración, se refugia en la casa de playa que su padre le dejó en herencia, un espacio cargado de recuerdos contradictorios. Lo que ella no espera es encontrarse allí con Augustus Everett, un vecino ruidoso e irónicamente familiar. Es el antiguo compañero universitario que siempre fue su opuesto, un autor de ficción literaria con fama de oscuro y desencantado.

Los protagonistas son, sin duda, el eje vital de la novela. January encarna la contradicción entre la necesidad de creer en el amor y la dificultad de sostener esa fe cuando la realidad desarma todos sus ideales. Su voz narrativa es fresca, irónica y profundamente vulnerable, lo que la convierte en un personaje con fortalezas y fracturas que se sienten auténticas. Augustus, por su parte, representa la otra cara de la moneda, un escritor escéptico, acostumbrado a diseccionar la tragedia humana, que esconde tras su sarcasmo una vida marcada por pérdidas y renuncias. El choque entre ambos no solo es atractivo desde el punto de vista romántico, sino que permite un diálogo literario y existencial entre dos formas opuestas de mirar el mundo.

Los personajes secundarios, aunque no ocupen tanto espacio en la narración, añaden chispa a la historia. Vecinos, amigos y familiares orbitan alrededor de la pareja, reflejando distintas maneras de lidiar con la vida y el amor. Destaca la presencia de las memorias del padre de January y la relación con su madre, que funcionan como recordatorio de que la historia no solo es un romance, sino también un viaje personal de reconciliación con las heridas familiares.

La novela del verano aborda mucho más que la atracción romántica entre dos escritores. Es un espacio donde se reflexiona sobre el duelo, sobre cómo aceptar que las personas que amamos no siempre se ajustan a la imagen ideal que teníamos de ellas, y sobre la necesidad de reconstruirnos desde esa pérdida. También plantea un interesante y polémico debate literario. ¿Qué hace que una historia sea considerada “seria” y otra “ligera”? Henry utiliza el pacto entre January y Augustus, intercambiar géneros de escritura para salir de su bloqueo creativo, como metáfora del prejuicio que aún existe hacia las novelas románticas, reivindicando la importancia de narrar el amor con la misma dignidad que cualquier otro tema humano. Y, por supuesto, el amor como elección consciente, lejos de los clichés juveniles, aparece en el centro del relato, un amor que no elimina el dolor, pero que lo hace más llevadero.

La ambientación costera juega un papel simbólico fundamental. La casa de playa, con su mezcla de refugio y fantasma, se convierte en el escenario perfecto para que January enfrente tanto sus recuerdos como sus nuevas posibilidades. Las excursiones con Augustus, desde visitas a sectas locales hasta paseos por el lago, refuerzan la idea de que el entorno natural no es solo decorado, sino un catalizador para la transformación personal. La playa misma, lugar de frontera entre tierra firme y mar abierto, funciona como metáfora de los personajes, anclados en su pasado, pero con la posibilidad de lanzarse a un futuro incierto.

El estilo narrativo de Emily combina un tono ligero y ágil con una carga emocional inesperada. Su prosa está llena de diálogos ingeniosos, con una chispa que evita caer en la frivolidad, y momentos de introspección que ralentizan la lectura para darle profundidad. El resultado es una mezcla equilibrada de humor, romanticismo y melancolía que nos mantiene entre la sonrisa y el nudo en la garganta.

Lo que parece una comedia romántica de verano se convierte en una exploración sincera sobre el duelo, el amor y la escritura misma. La escritora logra que sus personajes respiren vida y que la historia, sin renunciar a la frescura del género, adquiera una densidad emocional que la distingue de muchas otras propuestas. Es una lectura entretenida, conmovedora y, sobre todo, honesta, capaz de recordarnos que las segundas oportunidades existen, incluso en las páginas de un libro o en las playas que creemos conocer de memoria.

Mariki García

Título original: Beach Read
Título: La novela del verano
Autora: Emily Henry
Traductora: Anna Valor Blanquer
Editorial: Planeta
Páginas: 400
Género: novela romántica
Fecha de publicación: junio 2022

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