Los libros de Emily Henry (Estados Unidos) copan los primeros puestos en los premios Goodreads año tras año y tras leer Book Lovers: un amor entre libros entendí el motivo. Tras esa primera toma de contacto decidí que quería leer todas y cada una de sus novelas. Y aquí llega la segunda que pasa por mis manos, Gente que conocemos en vacaciones, perfecta para esta época del año.
Poppy Wright y Alex Nilsen se conocieron al llegar a la universidad en Chicago. No podrían ser más diferentes: ella, explosiva, extrovertida y caótica. Él, tímido, reservado y metódico. Se suponía que no debían encajar, pero una conversación en un coche compartido de vuelta a su ciudad natal los conecta profundamente. Desde entonces, nacen dos tradiciones: una amistad sólida como una roca y una vacaciones de verano juntos cada año. Hasta que algo lo cambió.
La novela se inicia en el presente cuando Poppy, ya convertida en una escritora reconocida de viajes, se da cuenta de que, a pesar de su éxito, no se siente feliz. Hay un vacío emocional que no logra llenar. Pronto identifica su origen, hace dos años que no habla con Alex, después de que algo ocurriese durante su último viaje juntos a Croacia.
Con el deseo de arreglar lo perdido, Poppy convence a Alex de hacer una última escapada juntos, esta vez a Palm Springs. A lo largo de esa semana, en medio del calor sofocante, hoteles incómodos, coches tan viejos que se desmontan y actividades improvisadas, ambos reviven sus aventuras pasadas mientras se enfrentan a las emociones que llevan tiempo ocultando.
A medida que el presente se entrelaza con recuerdos del pasado (cada capítulo revela un verano distinto), vamos reconstruyendo qué los unió tanto y qué los separó. La tensión romántica está vibrando en el aire desde el principio, pero lo que realmente mueve la historia es la profundidad emocional con la que ambos personajes deben enfrentarse a sus miedos y deseos más íntimos.
Como he mencionado antes, este dúo no puede ser más diferente. Poppy es divertida, sarcástica y con una personalidad chispeante. Viene de un entorno humilde, con una familia que no siempre comprendió sus aspiraciones. Es el tipo de persona que se burla del dolor para no tener que enfrentarlo directamente. Aunque su trabajo de ensueño como escritora de viajes parece perfecto, poco a poco entendemos que ha perdido contacto con lo que la hacía feliz.
Alex es profesor de literatura en su ciudad natal. Es tranquilo, clásico, amante de los libros y de la estabilidad. Su vida ha estado marcada por la responsabilidad desde muy joven, especialmente tras la muerte de su madre. A diferencia de Poppy, él representa la seguridad, la rutina. Pero bajo su fachada seria, hay calidez, humor seco y un amor silencioso por Poppy que nunca ha sabido cómo expresar. Es profundamente humano, lleno de contradicciones.
Emily construye una química poderosa cimentada en años de complicidad. La tensión no es instantánea ni forzada, es acumulativa, basada en risas compartidas, miradas robadas y momentos que a simple vista parecen triviales, pero que cargan un gran significado emocional. Es una historia de amor que se cocina a fuego lento, y por eso duele más.
La autora combina una narración ágil con diálogos naturales y cargados de sentimiento. Utiliza una estructura de flashbacks alternando capítulos del pasado, los diez veranos anteriores, con el presente, añadiendo ritmo a la historia. Esto nos permite ver cómo evolucionó la relación entre Poppy y Alex y comprender qué se rompió. En cada capítulo del pasado nos cuentan un verano, y somos testigos de cómo la relación entre ellos va evolucionando. Pero a la vez sentimos una pequeña congoja e intriga por saber qué leches ocurrió en el verano de Croacia para que todo saltase por los aires. Los diálogos son naturales, muchas veces ingeniosos, llenos de sarcasmo, pero también vulnerabilidad.
Aunque la novela es claramente una comedia romántica, la escritora aprovecha para introducir temas como la ansiedad, el miedo al fracaso, el peso de las expectativas familiares y la autoexploración. Nunca se siente forzado, porque está entretejido con momentos cotidianos, como conversaciones en aeropuertos, noches compartidas en un hotel barato, recuerdos aparentemente inofensivos…
Una de las cosas que más me han gustado es que nos presenta un romance muy realista, no idealizado, que requiere valentía, honestidad y renuncias, y que si no lo cuidas, puede desmoronarse incluso cuando hay amor de sobra.
Cada lugar visitado, como Nueva York, Noruega, Canadá, Croacia o Palm Springs, está descrito con encanto y detalle, pero sin hacer sombra a los personajes. Estos destinos reflejan un momento en su relación: la emoción del inicio, la rutina cómoda, la tensión no dicha, el primer intento fallido de algo más. Los viajes actúan como telón de fondo emocional y como símbolos del crecimiento de ambos.
Gente que conocemos en vacaciones es más que una comedia romántica. Es una historia sobre las decisiones que no tomamos por miedo a perder lo que ya tenemos. Sobre cómo la amistad puede ser tan o más íntima que el amor, pero también sobre cómo esa línea puede desdibujarse y doler. Una novela ideal tanto para quienes buscan romance como para quienes disfrutan de personajes reales enfrentándose a dilemas verdaderos.
Título original: People We Meet on Vacation
Título: Gente que conocemos en vacaciones
Autora: Emily Henry
Traductora: Anna Valor Blanquer
Editorial: Planeta
Páginas: 400
Género: novela romántica
Fecha de publicación: julio 2023
