Judit Fernández (Santander, 1990) pone punto y final (por el momento) a la trilogía «Hermosas mentiras» con El amor tiene nombre de Camelia, cuyo protagonismo recae en la hermana mediana que comparte nombre con dicha flor y la más cándida de todas.
Una vez más, una mentira es la que da forma a la historia. Pero pongámonos en antecedentes primero. Las hermanas Stuart pierden a su padre, el brigadier Stuart, dejándolas con una cuantiosa herencia pero sin poder acceder a ella hasta que estén felizmente casadas. Como tutor, asignó esta responsabilidad al duque Edward Barnett. En La mujer del vestido de seda, conocimos a Violet, la mayor de las hermanas, que quería regentar su propia tienda de ropa, pero que por las normas sociales de la época no podía hacerlo por ser mujer. Y aquí llega la primera mentira: el duque y ella llegan a un acuerdo: fingir ser pareja para poder cumplir con los sueños de cada uno de ellos, sin dar de qué hablar a la sociedad.
En La tentación lleva perfume de rosas le tocó el turno a la hermana pequeña, Rose. Ella se vio envuelta en un escándalo al ser encontrada junto a un rufián en una actitud un poco acaramelada. De nuevo, su amigo de la infancia, Lord Maxwell, le propone un ardid: cortejarla para acallar las malas lenguas y de paso ayudarlo a que la vizcondesa de Hale lo nombre heredero. He aquí la segunda mentira.
Y no podemos despedir la trilogía sin que la hermana que queda no se involucre en otra farsa más. En esta ocasión viajamos a la India, donde el difunto padre de las jóvenes le ha dejado una propiedad a Camelia. En la visita para conocer el palacio que ha heredado se cruza con Charles Cadler, un rastreador del ejército británico, y tienen un choque de lo más incómodo.
De vuelta en Londres, Charles acude a Edward para ayudarle a descubrir un complot contra la Corona, la reina Victoria. Para ello, debe fingir ser un noble y ocultar su identidad, haciéndose pasar por Magnus, un caballero y prometido de Camelia, la cual tiene que enseñarle a comportarse como un miembro de la nobleza.
Siempre es complicado elegir qué personajes de una saga me han gustado más, ya que cada uno tiene su personalidad propia y encantadora. Y no me voy a mojar en votar a uno favorito, pero sí puedo afirmar que Camelia es la que más ha evolucionado y que Charles esconde mucho en su interior.
En esta ocasión, el cliché de fake dating que aparece en las tres novelas se mezcla con el de enemies to lovers, ya que la pareja no se soporta al inicio. Él es tosco, arisco y arrogante mientras que a sus ojos ella es una niña mimada, superficial y engreída. Sin embargo, tendrán que llevarse bien, o al menos fingirlo, si quieren que su plan tenga éxito.
La novela está ambientada casi en su totalidad en Londres, pero contamos con algunas escenas situadas en la India, lo cual supone un soplo de aire fresco. Judit nos lleva a este país tan opuesto al británico, y realza el contraste entre las colonias inglesas y la parte más nativa.
Respecto al estilo, Judit se caracteriza por usar un lenguaje sencillo, melódico y dulce, con una atmósfera evocadora que te traslada a la época en la que se desarrolla la historia, en este caso la victoriana. Además, incorpora elementos históricos detallados y referencias culturales precisas, lo que otorga gran autenticidad a su trabajo.
Y aunque con este volumen pone fin a la trilogía, Fernández deja una ventana abierta para una futura trilogía esta vez protagonizada por el sector masculino, dos de los cuales ya conocemos. Sin embargo, antes de esto publicará La senda a tu corazón, el desenlace de su otra trilogía, «Sueños de Escocia», dedicada a los highlanders.
Título: El amor tiene nombre de Camelia
Saga: Hermosas mentiras 3
Autora: Judit Fernández
Editorial: autopublicado
Páginas: 400
Género: novela romántica, histórica
Fecha de publicación: febrero 2025
