El otoño que soñé, escrito por la autora e ilustradora Adela Aragón (Cádiz), es una novela que mezcla con sutileza el encanto de la fantasía y la profundidad emocional del romance. Esta obra, además de ser una delicia visual gracias a las maravillosas ilustraciones que acompañan la historia, ofrece una narrativa poética que destaca por su originalidad y ternura.
La trama gira en torno a Aki, un espíritu estacional de otoño, que a pesar de estar harto de su existencia predestinada, se encuentra involucrado en la vida de un misterioso joven humano con el carácter un tanto gruñón. Desde el principio, nos vemos inmersos en un viaje introspectivo, donde las estaciones del año no solo forman parte del paisaje, sino que también son protagonistas activas, representadas por espíritus ligados a cada una de ellas.
Uno de los puntos más fuertes de la novela es su ambientación. La autora logra recrear un mundo en el que la magia se siente palpable, casi como un susurro constante en el aire. Las estaciones cobran vida de manera visual y emocional, convirtiéndose en más que simples marcos temporales, sino en entidades que representan emociones y ciclos vitales. Estas estaciones vienen representadas por Aki y sus tres hermanos, cada uno de ellos con una personalidad muy diferente, pero que se complementan genial entre sí, dando pie a situaciones tanto disparatadas como emotivas.
Aki, el protagonista, es un personaje entrañable. Nos muestra una fragilidad que contrasta con su deseo interno de cambiar su destino. Por otro lado, el chico humano, LaFleur, aunque en un principio parece distante y difícil de comprender, esconde una historia de dolor y transformación que hace que se te clave en el corazoncito. La relación entre ellos es un ejemplo clásico del slow burn, donde el romance no surge de manera precipitada, sino que se construye lentamente, permitiendo que los sentimientos evolucionen de manera orgánica y natural.
Adela ha hecho un trabajo brillante a la hora de imprimir la profundidad psicológica a todos los que aparecen en la novela. Más allá de la fantasía, hay temas profundos como la aceptación, el crecimiento personal y la resiliencia. El carácter de LaFleur, por ejemplo, nos recuerda que las cicatrices que llevamos no solo nos definen, sino que pueden ser la base para convertirnos en mejores versiones de nosotros mismos. Es alguien que, a través de su dolor, nos enseña sobre la fuerza de la vulnerabilidad y la importancia de encontrar belleza en la adversidad.
Me ha encantado cómo se aborda el romance entre dos seres tan distintos. La relación entre Aki y LaFleur está cargada de simbolismo y va más allá de los clichés convencionales. No es solo una historia de amor; es una exploración de las conexiones más profundas que van más allá de las apariencias y de las barreras físicas. El libro logra transmitir que el amor no se basa en lo superficial, sino en la esencia misma de quienes somos.
El ritmo de la novela es delicado y pausado, como el paso de las estaciones mismas. Nos da la oportunidad de saborear cada momento, cada escena, pero a su vez resulta contradictorio el efecto de enganche que produce, contribuido por los capítulos cortos, que invitan a seguir leyendo con esa irresistible sensación de «solo uno más». Además, las ilustraciones no solo complementan la historia, sino que la enriquecen, creando una experiencia de lectura que es tanto visual como emocional.
Y traigo buenas noticias. Mientras la leía no dejaba de tener un runrún en la cabeza que me decía que el argumento daba pie a que fuese una saga con un volumen por hermano. Y cuál fue mi sorpresa al examinar el lomo del ejemplar y ver en una esquinita «Paradise Island 1», lo cual confirma mi teoría de que habemus saga. Y parece que todas las papeletas para ser el siguiente protagonista las tiene Natsu, el espíritu del verano.
Como colofón, hay un detalle que no me esperaba para nada y me dio mucha alegría. Y hasta aquí puedo contar. Ya sé que decir esto y nada es casi lo mismo, pero para compensar a quienes no pillen la referencia, añado que también hay un gato muy molón.
El otoño que soñé es una obra que brilla tanto por su hermosa narrativa como por su capacidad de tocar el corazón del lector. Es una historia sobre el cambio, la aceptación y el amor en todas sus formas. Adela Aragón, no solo como autora sino también como ilustradora, ha creado un mundo lleno de magia y ternura, donde los personajes se quedarán en tu mente mucho después de haber cerrado el libro. Este es, sin duda, un libro que te hace sentir, reflexionar y soñar, transportándote a una isla donde las estaciones, la naturaleza y el corazón humano se entrelazan de manera mágica y cautivadora.
Título: El otoño que soñé
Saga: Paradise Island 1
Autora: Adela Aragón
Editorial: Bola ocho ediciones
Páginas: 370
Género: novela romántica, fantasía
Fecha de publicación: julio 2024

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