La Parábola del Sembrador – Octavia Butler

«Este país va a terminar parcelado, como fuente de mano de obra barata y tierra barata. Si gente como la de Olivar suplica venderse, es inevitable que las ciudades supervivientes terminen convertidas en colonias económicas de quienes puedan permitirse comprarlas

En un mundo que se desmorona a su alrededor y sin encontrar ninguna respuesta que la ayude, Lauren Olamina crea la suya propia. 

La Parábola del Sembrador escrita en los años 90, que ya avanzaba el teletrabajo pero también y muy acertadamente la creciente desigualdad, las respuestas reaccionarias de vuelta al pasado, y crisis que hoy ya son titulares: crisis climática y de valores que tenemos encima. También refleja muy bien la violencia descontrolada y la facilidad de acceso a las armas que a mí al menos me sigue chocando. Octavia Butler no ofrece respuestas cómodas. Nos obliga a pensar, a enfrentarnos al miedo y a preguntarnos si podemos sembrar algo diferente.

Empezamos en el año 2024, Lauren Olamina de 17 años vive en un barrio amurallado junto a su familia. Su padre es profesor universitario y predicador. Su madrastra, Cory, es maestra de escuela, pero la escuela está en su propio hogar. Y sus hermanos pequeños crecen bajo la sombra del miedo al exterior, aunque uno de ellos está fascinado por el poder que puede conseguir en medio de las ruinas. 

En un mundo que se desmorona completamente, cada uno se aferra a lo que cree que le ayudará más. La religión sigue siendo la respuesta mayoritaria, pero además algunos crean grupos de autodefensa porque la policía no vendrá a ayudarles, otros prefieren irse a enclaves y vender su libertad a cambio de protección en un reflejo de las encomiendas y otras maneras de esclavitud de antaño que no están tan alejadas de la esclavitud actual como nos gustaría pensar. 

Pero es Lauren y su manera de mirar el mundo que la rodea lo que convierte a este libro en especial y no uno más entre muchos que tratan sobre catástrofes y distopías. Porque Lauren sufre de hiperempatía. Imagina caminar por un mundo devastado, donde cada grito de dolor ajeno lo sientes en tu propia piel. No es metáfora. Es literal. Cada golpe, cada herida, cada sufrimiento de los demás se convierte en un eco físico que sacude tu cuerpo: Cuando Lauren ve una herida de bala, sangra. Cuando ve golpes después tiene los moratones pertinentes. Así es vivir con hiperempatía. Y a ella la ayuda a mirar más allá, a buscar un futuro diferente donde se fomente la comunidad. 

Cuando la violencia irrumpe en su vida y su comunidad deja de ser un refugio, Lauren no huye solo para sobrevivir. En su mochila lleva algo más que provisiones: lleva una idea, un germen de futuro. Lo llama Semilla Terrestre, una filosofía sencilla y radical, un sistema de creencias que gira en torno a la necesidad de adaptarse al cambio. En medio del caos y la destrucción, Lauren entiende que si el mundo se desmorona, no queda otra que sembrar uno nuevo. Butler lo enfoca en dios, un dios de cambio que incita a adaptarse seguramente debido a sus profundas creencias baptistas.

Cada encuentro en el camino, cada persona que recoge a su lado, es tierra fértil para esa semilla. A su alrededor va reuniendo un grupo de personas rotas, asustadas, pero dispuestas a creer en algo más grande que el miedo. Cada uno de ellos viene con una mochila: cicatrices, pérdidas, traumas; pero también esperanza, aunque apenas la reconozcan. Juntos, avanzan por un mundo hostil, aprendiendo a confiar, a cuidarse y a construir desde cero una comunidad donde la Semilla Terrestre pueda echar raíces.

Entre estos encuentros fortuitos está Bankole, que quizás en otra historia habría sido el protagonista (es el hombre fuerte, con una idea de a dónde va y con algunos recursos propios que otros no tienen), pero Butler le da un papel secundario mientras deja que sea Lauren la que tome las decisiones sobre su futuro. 

La fuerza de La parábola del sembrador no está solo en su historia, sino en lo que nos enseña. Butler no nos ofrece consuelo; nos ofrece verdad.

La Semilla Terrestre no es solo una religión inventada, es una invitación: a escuchar, a observar, a aceptar que nada permanece y que solo si aprendemos a moldearnos podremos sobrevivir. La novela nos habla de resiliencia, de la responsabilidad de cuidar a los demás cuando el mundo parece empeñado en destruirnos.

Creo que es de los libros que más me ha costado leer a pesar de las pocas páginas que tiene, pero a la vez tenía algo que me impelía a seguir leyendo. Está escrito en formato de diario y resulta impactante especialmente ver nuestro presente con los ojos de Lauren. A momentos parece que mirarás por la TV y verás algo así ocurriendo.

Al cerrar el libro, la inquietud persiste. Porque La parábola del sembrador no es solo una distopía imaginada, sino un reflejo incómodo de hacia dónde podríamos ir si seguimos ignorando la desigualdad, la crisis climática y la indiferencia hacia los más vulnerables. Butler escribió esta historia en los años noventa, pero leerla hoy es casi mirar las noticias. Nos sacude y nos recuerda que el futuro no está escrito… pero lo sembramos cada día. Lauren Olamina nos enseña que podemos ser tierra fértil o tierra yerma. La elección, aunque difícil, sigue siendo nuestra.

Karen Holmes

Título Original: Parable of the Sower
Título: La Parábola del Sembrador
Autora: Octavia E. Butler
Traductora: Silvia Moreno Parrado
Editorial: Capitán Swing
Páginas: 342
Género: Distopía, Ciencia ficción
Fecha de publicación: febrero 2021

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